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Según pasan los años

El tiempo todo lo cambia. Destruye tradiciones. Elimina recuerdos. Posterga sueños y amistades ocasionales. Cuando uno mira el Santiago de hoy, le cuesta imaginar la capital de ayer. Todo parece distinto… hasta su gente. Para qué hablar de las costumbres y los hábitos.

En el pasado se quedó enredada -entre otras cosas- la bohemia conversada y cautivante que empezaba en el Bim Bam Bum, donde la Taty Segura, la Pitica Ubilla o la Wendy invitaban junto a alguna vedette argentina que brillaba más por su físico que por su talento. Más tarde, las boites desplegaban todo su ingenio para atrapar a los noctámbulos que daban vueltas entre la taberna Capri, el Lucerna, el Bodegón, el Goyescas, el Mon Bijou, el Violín Gitano, el Zeppelin, el Night and Day o el Tap Room. Para finalizar estaba Il Bosco, lugar de reunión de artistas, políticos, periodistas, poetas, hombres públicos y trasnochadores habituales que saludaban el amanecer entre anécdotas, historias inconfesables y discusiones sociales. Para bailar en privado era necesario alejarse del centro de la ciudad hacia Las Brujas, Lo Curro, el Eve, La Chatelaine, el Drive in Charles, El Oasis y el Play Train. Después, El Hipopótamo o El Órgano en la Portada Vitacura. En esos años, el aperitivo era temprano en el Crillón o el Nuria, donde Julio Martínez y Rodolfo Soto tenían mesa reservada.

En aquellos tiempos había dos canales de televisión. El 13 de la Universidad Católica, donde Don Francisco hacía sus Sábados Gigantes en un gimnasio de la calle Lira, y el 9 de la Universidad de Chile, donde se imponía el San Lunes Show que era primera sintonía los días lunes, ya que el 13 no transmitía ese día por descanso del personal.

En la radio se imponía la animación de Raúl Matas y en las noches los shows radiales eran en directo, con artistas como Lucho Gatica, Sonia y Myriam, Pepe Lucena, Marianela, Arturo Millán, Malú Gatica, Enrique Balladares y Antonio Prieto. Algunos internacionales, entre los que destacaban Sarita Montiel, Alberto Castillo, Carmen Sevilla y Mario Clavel, entre otros. La orquesta sonaba sin play back ni pillerías, sino con batutas privilegiadas como las de Federico Ojeda y Lorenzo D´Ácosta. Algunas sonoras como La Huambaly, Ritmo y Juventud y Los Peniques le ponían música a la vida. Los jóvenes bailaban rock and roll al ritmo de Bill Haley y Elvis Presley, y también se enamoraba con Los Platters o Los 4 Ases.

Hoy, las cosas son distintas. Muchos personajes del ayer ya emprendieron su último viaje. Las boites fueron reemplazadas por los topless y los cafés con piernas. A las revistas frívolas se las comió la televisión. La gente no trasnocha. Se levanta temprano y va al gimnasio. Cuida su físico y su salud. El público vive preocupado de la vida de los famosos. La política se encuentra desperfilada y la convivencia interesa muy poco. Cada uno se preocupa de sÍ mismo y de nadie más. No hay tiempo para nada. ¿Para qué conversamos? Lo importante es producir y tener éxito.

El mundo es otro. El pasado quedó dibujado en un paisaje que tiende a desaparecer porque a nadie le interesa mucho lo que ocurrió antes.

Pese a todo, siempre es bueno recordar.

Conozca más sobre mi nuevo libro:

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