
“El Kiko en la casa”
Lo había visto más de alguna vez en televisión.
Sin embargo, el destino nos dió la posibilidad de conocernos
y trabajar juntos. Me correspondió dirigir los
comerciales que protagonizó para una marca de leche.
Como nos relacionamos bien, trabajamos en armonía,
sin histerias innecesarias, terminamos siendo amigos o, por
lo menos,”compinches”.
Lo invité a comer casa para poder
profundizar más en la amistad, con este curioso personaje
del mundo infantil.
Aceptó encantado.
Lo pasé a buscar al hotel donde se
hospedaba y en compañía de su manager nos dirigimos
a mi hogar. En el viaje hablamos de todo, sin profundizar
en nada. El era una estrella internacional a la que había
que tratar con cuidado.
Al llegar a casa y empecé a descubrir
su absoluta modestia. El saludo a la empleada me permitió advertir
una personalidad simple, directa y cautivante. Al enterarse
de que mis pequeños hijos estaban en el segundo piso
viendo El Chavo del 8, subió sin anuncios y con el
juego de sus mandíbulas les demostró que era
el personaje de la serie televisiva. Alfredo y Andrés
estaban perplejos. No podían creerlo. Se acostó en
la cama de ellos, les hizo muecas, gestos y contorsiones
que terminaron por convencerles que el Kiko estaba con ellos.
Después de esto a los niños
les costó mucho quedarse dormidos. Nosotros comimos
y después la conversación se alargó hasta
altas horas de la madrugada. Nos contó de su padre,
un simple y modesto fotógrafo de plaza a quien acompañaba
a trabajar con cariño y devoción. Junto a él
aprendió el oficio de la fotografía que posteriormente
ejerció en los estudios de Televisa, captando para
la posteridad a concursantes o público asistente junto
a los personajes famosos. Continuamente él le hacía
gracias a la gente con ruidos y gestos divertidos, lo que
hizo muy popular en los estudios televisivos. Cuando Roberto
Gómez Bolaños empezó a idear El Chavo
del 8, más de alguien le habló de este curioso
y divertido fotógrafo, y él se interesó por
conocerlo. Rápidamente le entregó el papel
de “el Kiko” en su proyecto, que terminó siendo un éxito
impresionante en toda América Latina.
Desgraciadamente el tiempo los separó de
manera definitiva. Sin quererlo el Kiko empezó a conquistar
el cariño del público y tuvo un éxito
impresionante con un protagonismo inesperado en el programa.
Esto disgustó a Gómez Bolaños. Los celos
en el mundo artístico son tremendos, incalculables
y, lo que es peor, insuperables. La empresa Emi
Le ofreció grabar un disco a Carlos
Villagrán con su personaje el Kiko y para este efecto
le adelantaron US$ 100.000. Al saber Gómez pidió su
participación, por tener inscritos los personajes,
sus vestuarios y caracterizaciones. Ahí empezó un
diferencia que nunca superaron.
La noche transcurrió entre anécdotas,
opiniones, juicios de valor y más de algún
concepto que se emite en la madrugada y que tiene que ver
con la actuación y la rebeldía. Nos despedimos
con cariño y seguros de que la amistad nace y no se
termina nunca, pese al tiempo y la distancia.
La mañana siguiente mis hijos asistieron
al colegio y contaron ingenuamente lo que habían vivido
la noche anterior. Sus compañeros se rieron incrédulos
y uno displicentemente les dijo. “No te preocupes en mi casa
estuvo el chavo del 8”.
Un día después los muchachos
del curso debieron aceptar la realidad, cuando mis niños
les llevaron las fotos que sacaron esa noche y los autógrafos
que el Kiko les firmó en su pieza.
Con esas pruebas nadie dudó de algo
que estaba cercano a la fantasía.
.Conozca más sobre mi nuevo libro:
>>> Según pasan los años
>>> “El Kiko en la casa”
>>> Humanamente
Hablando
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